Autor: admin

  • La comunicación corporativa está cambiando de dueño. ¿Están preparados los CEOs y las empresas?

    Esta semana dos acontecimientos me hicieron reflexionar sobre el futuro de las relaciones públicas y, especialmente, sobre la manera en que las empresas están construyendo su reputación.

    El primero fue una publicación de Elon Musk en X, en respuesta al anuncio de Sundar Pichai, CEO de Google, sobre el lanzamiento de Gemini 4 Argon. Musk felicitó a Pichai y aprovechó para afirmar que los CEOs y ejecutivos que se comunican directamente con el público en redes sociales tienen una herramienta mucho más poderosa y efectiva que un comunicado de prensa.

    El segundo fue un artículo publicado por Forbes sobre cómo Microsoft está replanteando su estrategia de comunicación para darles mayor protagonismo a sus empleados como narradores de las historias de la compañía.

    A primera vista parecen dos noticias independientes. Pero creo que ambas apuntan hacia una misma transformación: las empresas están dejando de depender exclusivamente de una voz institucional para construir su narrativa a través de las personas.

    Y esto debería abrir una conversación importante entre presidentes de compañías, gerentes de marketing, directores de comunicaciones y profesionales de relaciones públicas.

    El CEO ya no puede ser un espectador de la comunicación

    Empecemos por Musk. Aunque no comparto su afirmación de que una publicación en redes sociales sea necesariamente más efectiva que un comunicado de prensa, sí estoy de acuerdo con el fondo de su mensaje.

    La comunicación directa de los líderes se está convirtiendo en un activo estratégico para las organizaciones.

    Todavía me sorprende encontrar presidentes y gerentes de empresas en América Latina que no consideran relevante tener presencia en redes sociales. Algunos piensan que no tienen nada que decir, otros creen que es responsabilidad exclusiva de marketing y muchos simplemente prefieren mantenerse al margen.

    Pero hoy la reputación de una compañía también se construye a partir de lo que piensan, dicen y hacen sus líderes.

    No estoy diciendo que todos los CEOs deban convertirse en influencers, publicar diariamente o compartir aspectos de su vida privada. Estoy hablando de algo mucho más importante: tener una voz propia, participar en las conversaciones de su industria y generar confianza desde el liderazgo.

    Un presidente que habla de innovación, un gerente que explica una decisión empresarial o un directivo que comparte su visión sobre los desafíos de su sector puede aportar a la reputación de su compañía de una manera que difícilmente consigue una comunicación exclusivamente institucional.

    Y no se trata únicamente de visibilidad. Se trata de construir autoridad, credibilidad y relaciones.

    Microsoft está llevando la conversación mucho más allá

    El caso de Microsoft me parece todavía más interesante porque plantea que la comunicación no debe quedarse únicamente en la alta dirección.

    Según el artículo de Forbes, Microsoft está reorganizando su función de comunicaciones y trasladándola fuera del área de marketing, bajo el liderazgo de Brad Smith, vicepresidente y presidente de la compañía.

    Pero lo verdaderamente relevante no es el cambio en el organigrama.

    Satya Nadella está impulsando un enfoque en el que ingenieros, equipos comerciales y otros profesionales cercanos a los productos y clientes tengan mayor participación en la manera como Microsoft cuenta su historia.

    Es una decisión que tiene mucho sentido en un entorno donde compañías como OpenAI, Anthropic, Google y Meta compiten no solamente por desarrollar mejores tecnologías, sino también por captar la atención, generar confianza y construir comunidades alrededor de sus productos.

    Y aquí aparece una reflexión que considero fundamental: las personas conectan con personas, no con logos.

    Durante años, muchas organizaciones han construido modelos de comunicación obsesionados con controlar cada palabra. Todo debe pasar por comunicaciones, marketing, jurídica y, en ocasiones, hasta por la presidencia.

    El resultado suele ser una comunicación tan revisada, tan institucional y tan cuidadosamente redactada que termina perdiendo naturalidad.

    Microsoft está reconociendo que quienes desarrollan sus productos, atienden a sus clientes y conocen de primera mano los desafíos del negocio también tienen historias valiosas que contar.

    Eso no significa renunciar a una estrategia ni eliminar los controles necesarios. Significa entender que la comunicación puede ser una responsabilidad compartida, orientada por principios comunes, sin que todas las personas tengan que repetir exactamente el mismo discurso.

    La inteligencia artificial está haciendo más valiosa la comunicación humana

    Hay una paradoja interesante en todo esto.

    Mientras las empresas incorporan inteligencia artificial para producir más contenido, automatizar procesos y aumentar su capacidad de comunicación, las voces humanas están adquiriendo una relevancia estratégica.

    Hoy podemos producir artículos, publicaciones, imágenes y videos en cuestión de minutos. La tecnología ha reducido considerablemente las barreras para crear contenido.

    Pero producir más no significa necesariamente comunicar mejor.

    De hecho, creo que uno de los grandes riesgos que enfrentamos es terminar inundando a nuestras audiencias con contenidos impecablemente redactados, pero sin personalidad, criterio ni experiencias que realmente aporten valor.

    La inteligencia artificial puede ayudarnos a investigar, analizar información, identificar tendencias, optimizar contenidos y entender mejor a nuestras audiencias. Y debemos aprovecharla.

    Sin embargo, la tecnología no reemplaza la experiencia de un ingeniero que explica cómo resolvió un problema, la visión de un CEO frente a una transformación de su industria o la historia de un colaborador que vive la cultura de una organización.

    La IA debería ayudarnos a amplificar esas voces, no a fabricar versiones artificiales de ellas.

    ¿Y entonces qué pasa con las relaciones públicas?

    Aquí quiero detenerme porque cada vez que aparece una nueva plataforma o tendencia de comunicación vuelve la misma discusión: que las relaciones públicas van a desaparecer, que los medios tradicionales perderán relevancia o que los comunicados de prensa ya no sirven.

    Llevo más de 20 años escuchando diferentes versiones de esa predicción.

    Y las relaciones públicas siguen aquí.

    El comentario de Musk es un buen ejemplo. Que un CEO anuncie directamente un producto en X no significa que el comunicado de prensa haya perdido su utilidad.

    Un comunicado sigue siendo una herramienta fundamental para formalizar anuncios, entregar información verificable, establecer posiciones institucionales y facilitar el trabajo de los periodistas.

    Una publicación de un CEO puede generar conversación y cercanía. Un comunicado puede aportar contexto y precisión. Una entrevista periodística puede profundizar, contrastar y cuestionar. Y un colaborador puede explicar desde su experiencia lo que ocurre dentro de la compañía.

    Son funciones diferentes que pueden complementarse dentro de una misma estrategia.

    El problema no es el comunicado de prensa. El problema es creer que hacer relaciones públicas consiste únicamente en enviar comunicados de prensa.

    Lo que estamos viendo es una evolución del papel de quienes lideramos la comunicación corporativa.

    Nuestro trabajo ya no puede limitarse a administrar canales, producir contenidos o gestionar apariciones en medios. Debemos convertirnos en arquitectos de narrativas, identificar voces relevantes dentro de las organizaciones, desarrollar capacidades de comunicación en los líderes y ayudar a construir una cultura donde las personas puedan participar de manera auténtica.

    Eso exige estrategia, preparación, inteligencia reputacional y una comprensión profunda del negocio.

    Y, por supuesto, también exige gestionar los riesgos. Porque abrir espacios para que más personas comuniquen no significa que cualquier colaborador deba divulgar información confidencial, asumir posiciones institucionales sin autorización o hablar en nombre de la compañía sobre asuntos que desconoce.

    La descentralización necesita criterio, formación y confianza.

    El verdadero desafío es cultural, no tecnológico

    Hay algo que las empresas deben entender antes de lanzar programas de embajadores de marca o pedirles a sus empleados que compartan contenidos corporativos en LinkedIn.

    No se puede obligar a las personas a contar una historia en la que no creen.

    Tampoco podemos pretender que los colaboradores sean embajadores de una cultura que no viven.

    He visto organizaciones que confunden una estrategia de employee advocacy con enviarles publicaciones prediseñadas a sus empleados para que todos las compartan al mismo tiempo.

    Eso no es construir una comunidad de voceros. Es multiplicar la pauta corporativa sin pagar por ella.

    Una verdadera estrategia de comunicación desde las personas empieza por la cultura organizacional, la confianza, el sentido de pertenencia y la posibilidad de expresar ideas propias.

    Después vienen la formación, los lineamientos, las herramientas y las plataformas.

    Por eso considero que el cambio que estamos observando no es simplemente una nueva tendencia de redes sociales. Es una transformación en la manera como las organizaciones entienden su relación con las audiencias.

    La comunicación no está perdiendo el control. Está aprendiendo a compartirlo.

    Si algo me dejan estas dos noticias es la convicción de que estamos entrando en una etapa especialmente interesante para nuestra profesión.

    El CEO tiene que entender que comunicar también es liderar. Los colaboradores deben tener mayores oportunidades para compartir su conocimiento y sus experiencias. Y los departamentos de relaciones públicas deben evolucionar para conectar esas voces dentro de una narrativa estratégica y coherente.

    Esto no implica que las empresas dejen de tener canales oficiales, que desaparezcan los comunicados o que todos los empleados deban convertirse en creadores de contenido.

    Significa que la reputación ya no puede construirse exclusivamente desde una oficina de comunicaciones.

    En América Latina todavía tenemos mucho camino por recorrer. Hay organizaciones que siguen confundiendo la comunicación estratégica con la aprobación de publicaciones, y líderes que continúan viendo las redes sociales como un asunto secundario.

    Mientras tanto, otras compañías están entendiendo que sus personas pueden convertirse en uno de sus activos más valiosos de comunicación.

    La pregunta ya no es si las empresas deben permitir que sus líderes y colaboradores tengan voz propia. La pregunta es si están construyendo la confianza, la cultura y la estrategia necesarias para que esa voz realmente aporte valor.

    Porque el futuro de la comunicación corporativa no consiste en que todos repitan el mismo mensaje.

    Consiste en lograr que muchas voces, desde experiencias diferentes, ayuden a construir una historia en la que las audiencias puedan creer.

    Y eso, más que una amenaza para las relaciones públicas, representa una de las mayores oportunidades que hemos tenido para transformar nuestra profesión.

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • La IA cambió el buscador. Y convirtió al PR en infraestructura de visibilidad

    Durante décadas, quienes trabajamos en relaciones públicas hemos tenido que responder una pregunta que parece perseguir a nuestra industria: ¿cuál es realmente el ROI del PR?

    ¿Cuánto vale una publicación? ¿Qué impacto tiene una entrevista? ¿Qué aporta aparecer orgánicamente en un medio? ¿Cómo se traduce la reputación en resultados para el negocio?

    La inteligencia artificial no resolvió mágicamente esa discusión. Una cita en ChatGPT no equivale a una venta y una mención en un modelo generativo tampoco puede convertirse automáticamente en retorno financiero.

    Pero sí está agregando una nueva dimensión a la conversación.

    Porque estamos empezando a entender que todo aquello que durante años construimos alrededor de una organización —noticias, entrevistas, investigaciones, backlinks, contenidos, análisis, opiniones de terceros— ahora también se está convirtiendo en evidencia para las máquinas.

    Y eso cambia bastante las reglas del juego.

    Ya no tenemos una sola audiencia

    Durante mucho tiempo optimizamos las estrategias de comunicación pensando principalmente en personas.

    ¿Quién debería conocer esta noticia?

    ¿En qué medio debería aparecer?

    ¿Quién debería entrevistar a nuestro vocero?

    ¿Qué debería encontrar alguien cuando busca nuestra compañía en Google?

    Todas esas preguntas siguen siendo absolutamente válidas.

    Pero ahora tenemos una segunda audiencia: los sistemas que leen, procesan, conectan y sintetizan lo que Internet sabe sobre nosotros.

    Cuando alguien le pregunta a ChatGPT, Gemini, Claude, Perplexity o cualquier otro modelo qué empresa es referente en determinada industria, qué compañía tiene mayor experiencia, quién es experto en un tema o qué marca debería considerar para comprar un producto o contratar un servicio, la respuesta no depende solamente de lo que esa compañía dice sobre sí misma.

    Depende de las señales que existen alrededor de ella.

    Y ahí el PR está adquiriendo una relevancia completamente nueva.

    La IA necesita algo que el PR lleva décadas construyendo: autoridad

    Muck Rack analizó más de 25 millones de enlaces utilizados como fuentes por ChatGPT, Claude y Gemini y encontró un dato extraordinariamente relevante para nuestra industria: el 84% provenía de earned media.

    El contenido pagado o advertorial representaba apenas el 0,3% y el periodismo, por sí solo, explicaba el 27% de las fuentes analizadas.

    Gartner está observando una transformación similar. La firma proyecta que para 2027 la adopción masiva de los LLM como alternativa a la búsqueda tradicional podría llevar a duplicar los presupuestos destinados a PR y earned media. También señala que los motores de búsqueda basados en IA favorecen contenido earned, shared y owned orgánico sobre las menciones pagadas.

    La conclusión no debería ser que la publicidad dejó de ser importante.

    La conclusión es otra:

    visibilidad y autoridad no son exactamente lo mismo.

    Podemos comprar alcance.

    Podemos comprar impresiones.

    Podemos pagar por aparecer frente a una audiencia.

    Pero construir suficiente credibilidad para que diferentes fuentes independientes relacionen consistentemente una organización con una industria, una capacidad, un conocimiento o una posición determinada requiere otra clase de trabajo.

    Y ese trabajo tiene muchísimo que ver con relaciones públicas.

    El comunicado no desaparece: evoluciona

    Gartner señala que, entre las fuentes utilizadas por los motores de respuesta, aparecen con frecuencia medios de alta autoridad, entidades gubernamentales, organizaciones académicas y contenidos de terceros. También señala que los comunicados de prensa reciben menos citas directas y que, cuando una consulta exige información reciente, las noticias aumentan considerablemente su participación como fuente.

    Pero sería un error interpretar esto como la pérdida de relevancia del comunicado de prensa.

    Todo lo contrario.

    El comunicado continúa siendo uno de los principales insumos mediante los cuales un periodista conoce una noticia, accede a cifras, encuentra contexto, identifica voceros y posteriormente construye un artículo.

    Es decir, una parte del earned media que posteriormente termina siendo utilizada como referencia por los sistemas de inteligencia artificial pudo haber comenzado precisamente en un comunicado, un pitch o una conversación con un periodista.

    Lo que está ocurriendo es que el comunicado también está evolucionando.

    Durante años muchas compañías utilizaron su newsroom corporativa como un repositorio de PDFs o simplemente como un archivo histórico de noticias.

    Hoy existe una oportunidad mucho mayor.

    Una newsroom actualizada, estructurada, indexable y conectada con una estrategia de SEO y AEO puede convertirse en una verdadera base de conocimiento corporativo.

    Un comunicado bien construido contiene fecha, entidades, cifras, declaraciones, contexto, enlaces, antecedentes, voceros y posiciones oficiales.

    Ya no tiene que ser únicamente una pieza que viaja por correo electrónico desde una agencia hacia un periodista.

    Puede convertirse en una unidad de conocimiento digital permanente.

    Útil para el periodista.

    Útil para el buscador.

    Útil para los stakeholders.

    Y potencialmente útil para los sistemas de inteligencia artificial que intentan comprender qué ha dicho una compañía, cuándo lo dijo y en qué contexto.

    Por eso no creo que estemos entrando en una era sin comunicados.

    Creo que estamos entrando en una era en la que tendremos que construir mejores comunicados, mejores newsrooms y mejores ecosistemas digitales alrededor de la información corporativa.

    El SEO tampoco murió. Está cambiando de lugar

    Hace algunos años comenzamos a escuchar que las redes sociales acabarían con los medios.

    Después escuchamos que las plataformas acabarían con las páginas web.

    Más recientemente hemos escuchado que la inteligencia artificial acabará con Google y, por consiguiente, con el SEO.

    La historia suele ser bastante menos dramática.

    Las disciplinas no necesariamente desaparecen. Evolucionan y se conectan.

    Hoy hablamos de AEO —Answer Engine Optimization— y GEO —Generative Engine Optimization— como nuevas formas de pensar la visibilidad dentro de los motores de respuesta.

    Gartner señala precisamente que la creciente necesidad de AEO requiere capacidades específicas de Comunicaciones para equilibrar confianza de los stakeholders y requisitos de las plataformas.

    Pero muchos de los fundamentos que durante años hicieron importante al SEO siguen estando presentes: autoridad, relevancia temática, indexación, backlinks, estructura, consistencia, contenido original y presencia digital.

    Y aquí aparece uno de los aprendizajes que me parecen más importantes de esta transformación.

    Las organizaciones que desde hace una década entendieron que PR y SEO no podían vivir como mundos separados hoy tienen una ventaja considerable.

    Porque no estamos hablando únicamente de tener una página correctamente optimizada.

    Estamos hablando de años construyendo:

    • artículos;
    • entrevistas;
    • backlinks;
    • menciones;
    • investigaciones;
    • perfiles de sus líderes;
    • noticias corporativas;
    • análisis;
    • contenido propio;
    • autoridad temática;
    • relaciones con medios;
    • conversaciones indexadas.

    En otras palabras, un corpus digital completo alrededor de una marca.

    Y cuando una máquina intenta entender quién es usted, ese pasado importa.

    De la reputación humana a la reputación legible por las máquinas

    Una compañía puede escribir en su página web que es líder de su industria.

    Puede decir que tiene la mejor tecnología.

    Puede asegurar que cuenta con los mejores expertos.

    Eso es una declaración.

    Algo muy diferente ocurre cuando durante años medios de comunicación, analistas, expertos, universidades, organizaciones, clientes y diferentes fuentes independientes han asociado a esa organización con determinadas capacidades y conocimientos.

    Ahí empieza a existir algo mucho más difícil de fabricar: reputación sustentada en evidencia.

    Los modelos de inteligencia artificial no solamente necesitan saber qué dice una empresa sobre sí misma.

    Necesitan encontrar suficientes señales alrededor de ella para interpretar qué representa, en qué temas tiene autoridad y hasta qué punto aquello que afirma encuentra respaldo fuera de sus propios canales.

    Por eso el PR comienza a convertirse también en una especie de infraestructura de conocimiento de las marcas.

    Cada publicación aporta una señal.

    Cada entrevista aporta contexto.

    Cada backlink conecta fuentes.

    Cada vocero fortalece una asociación temática.

    Cada investigación construye autoridad.

    Cada noticia agrega información al rastro digital de una organización.

    Durante años pensamos principalmente en quién iba a leer todo aquello.

    Ahora tenemos que empezar a pensar también en qué van a entender las máquinas cuando lo lean.

    El próximo reto será medir esa nueva visibilidad

    Pero aquí aparece una advertencia importante.

    No podemos repetir con la inteligencia artificial algunos de los errores que nuestra industria cometió con la medición.

    Durante décadas cuestionamos métricas como la equivalencia publicitaria porque intentaban demostrar el valor del PR convirtiendo una publicación en una cifra que no necesariamente representaba su verdadero impacto.

    Sería absurdo reemplazar ahora ese problema por otro vanity metric llamado “AI citations”.

    Semrush encontró que una parte importante de las fuentes utilizadas por los sistemas de inteligencia artificial funcionan como ghost citations: el modelo utiliza la fuente para construir una respuesta, pero la marca que produjo esa información no necesariamente termina mencionada en el resultado.

    Eso significa que aparecer dentro de las fuentes utilizadas por una IA no es suficiente.

    La nueva medición probablemente tendrá que observar una cadena mucho más amplia:

    Cobertura → autoridad → citas en IA → menciones de marca → AI share of voice → consideración → recomendación.

    Y después conectar esas señales con variables que realmente importan para las organizaciones: reputación, preferencia, tráfico, leads, oportunidades comerciales y resultados de negocio.

    Gartner reconoce que este sigue siendo uno de los grandes desafíos de nuestra profesión: el 47% de los CCO reporta dificultades para demostrar el impacto de su función y el 34% señala que sus equipos todavía son percibidos como centros de costos y no como generadores de valor. La firma proyecta que hacia 2029 la inversión de Comunicaciones en datos y analítica podría duplicarse hasta alcanzar el 6% del presupuesto de la función.

    La IA no elimina nuestro viejo problema de medición.

    Pero posiblemente nos está entregando nuevas piezas para resolverlo.

    La próxima batalla será entrar en el consideration set de las máquinas

    Durante años las marcas han luchado por entrar en el consideration set de las personas.

    Que cuando alguien piense en una categoría recuerde nuestra compañía.

    Que un periodista considere a nuestro ejecutivo como fuente.

    Que un comprador incluya nuestra solución dentro de sus alternativas.

    Que cuando alguien busque un experto encuentre nuestro nombre.

    Ahora aparece un nuevo escenario.

    Cuando una persona le pregunte a una inteligencia artificial:

    ¿Cuáles son las principales empresas de esta industria?

    ¿Quiénes son los expertos en este tema?

    ¿Qué compañía tiene mayor experiencia?

    ¿Qué marca me recomendarías?

    También necesitaremos estar dentro del consideration set de la máquina.

    No porque tengamos que empezar a escribir para robots.

    Precisamente al contrario.

    Tenemos que hacer todavía mejor aquello que siempre debimos hacer: crear conocimiento útil, verificable, relevante y suficientemente valioso para que otros quieran hablar de él.

    Por eso PR, SEO, contenido, reputación, medios propios, social listening, analytics y tecnología empiezan a dejar de ser disciplinas aisladas.

    Todas participan en la construcción de una misma cosa: autoridad digital.

    Diez años después, algunas decisiones se entienden mejor

    Esta transformación me encuentra en un momento particularmente interesante.

    SmartPR cumple diez años.

    Y mirando hacia atrás hay decisiones que hoy resultan mucho más fáciles de entender.

    Durante esta década decidimos tomarnos muy en serio el PR, pero también el SEO, la analítica, el contenido digital, la medición y la tecnología.

    Durante mucho tiempo podían parecer disciplinas complementarias.

    Hoy están convergiendo.

    Y creo que las organizaciones que también lo entendieron hace diez años llegan a este nuevo universo con una ventaja difícil de construir rápidamente.

    Porque llevan una década acumulando noticias.

    Backlinks.

    Relaciones.

    Voceros.

    Contenidos.

    Datos.

    Autoridad.

    Resultados de búsqueda.

    Conversaciones.

    Reputación.

    La inteligencia artificial puede transformar en cuestión de meses la manera como las personas buscan información.

    Lo que no puede fabricar en unos meses son diez años de autoridad y reputación.

    Quizás ahí esté una de las grandes paradojas de esta nueva etapa de nuestra industria:

    cuanto más sofisticadas se vuelven las máquinas, más importante se vuelve todo aquello que durante años hemos construido entre personas.

    Y quizás, diez años después, esa sea también una buena forma de explicar algo en lo que siempre hemos creído en SmartPR: Hace un PR más inteligente.

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • Invertir en cultura cuando ganar no alcanza: una lección para las empresas

    Como consultor en comunicaciones, he visto de cerca cómo muchas organizaciones persiguen resultados sin detenerse a revisar el sistema interno que los hace, o no, posibles. Por eso, la entrevista de Mikel Arteta, actual DT del Arsenal, es mucho más que una conversación sobre fútbol: es una radiografía honesta de lo que ocurre cuando una cultura se rompe y de lo que exige reconstruirla desde la raíz.

    El diagnóstico incómodo: no era un problema de juego

    Arteta llega a un club fragmentado, sin visión ni propósito compartido. Había desencanto, culpas cruzadas y una sensación peligrosa: dejar de sentir que estar ahí era un privilegio. En sus palabras, ganar algún partido podía pasar; transformar el club, no, si no se empezaba por la cultura.

    En el mundo corporativo el patrón se repite. He acompañado organizaciones que:

    • alcanzan metas trimestrales mientras pierden talento clave,
    • comunican éxitos externos con equipos agotados por dentro,
    • crecen rápido sin cohesión ni identidad.

    Ganar, cuando la cultura está rota, solo compra tiempo.

    Medir lo invisible: cultura basada en evidencia

    Uno de los aprendizajes más potentes de la entrevista es la decisión de medir la cultura. Arteta contrata a un especialista para escuchar a todos: roles, antigüedades, experiencias. El resultado, palabras grandes de desencanto, fue aterrador, pero necesario. El problema estaba en las raíces.

    Como consultor, este punto es clave: lo que no se mide, se romantiza; lo que se mide, se puede transformar. Cultura no es intuición ni storytelling interno; es percepción real, datos cualitativos, conversaciones difíciles.

    Liderar es decidir qué no se tolera

    Arteta fue claro: para cambiar la cultura necesitaba respaldo “de arriba” y tomar decisiones difíciles. Personas que dañaban el ecosistema debían salir. No por castigo, sino por coherencia. El mensaje fue contundente: la cultura no es negociable.

    En comunicación y liderazgo, esto marca la diferencia. Los valores no se declaran; se demuestran cuando cuesta. Y cuando el liderazgo actúa, el contexto cambia: la gente se involucra, aporta más, cree otra vez.

    Primero se sana adentro (aunque afuera no se entienda)

    El proceso fue interno y silencioso. Hubo momentos en que los resultados no acompañaron y el entorno externo no entendía. Pero la convicción se sostuvo. Con el tiempo, la energía cambió: un estadio “muerto” volvió a latir.

    En las empresas ocurre igual: el mercado ve el resultado final, no el trabajo interno. Por eso, invertir en cultura exige paciencia estratégica y coherencia comunicacional para sostener el proceso.

    Cultura: infraestructura estratégica, no “soft skill”

    Desde la consultoría, la lección es clara: una cultura sólida multiplica el impacto de la comunicación, acelera la alineación y sostiene el desempeño. No es un tema blando; es infraestructura invisible que define reputación, coherencia y resultados sostenibles.

    Arteta no empezó diciendo “vamos a ganar”. Empezó diciendo “vamos a cambiar quiénes somos”. Y cuando eso ocurre, ganar deja de ser un objetivo obsesivo para convertirse en una consecuencia.

    A las compañías y sus líderes es momento de dejar de pensar solo en ganar y empezar a invertir en la cultura que hace posible ganar bien y por más tiempo.

    Preguntas para hoy:

    • ¿Qué comportamientos estamos normalizando?
    • ¿Qué dice realmente nuestra gente cuando nadie la escucha “para la foto”?
    • ¿Estamos comunicando resultados o construyendo coherencia?

    La cultura no es un gasto. Es la inversión que define si el éxito será un pico… o una historia sostenible.

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • 2026: comunicar en la era de la confianza

    Hablar de comunicación en 2026 ya no es hablar de formatos, plataformas o métricas aisladas. Es hablar de relevancia, credibilidad y coherencia en un ecosistema saturado de estímulos, contenido sintético y audiencias cansadas de promesas que no se cumplen. Nuestro más reciente ebook sobre Tendencias de la Comunicación 2026 parte de esa premisa: hoy el mayor riesgo para marcas, líderes y organizaciones no es desaparecer del radar, sino volverse irrelevantes o incoherentes eBook tendencias.

    Vivimos bajo la dictadura del pulgar. Las audiencias ya no se segmentan por edad, sino por la velocidad con la que consumen información. Si un mensaje no logra detener el scroll en segundos, simplemente no existe. Pero este fenómeno, lejos de ser solo una amenaza, también es una señal clara: la gente no quiere más ruido, quiere sentido. Quiere mensajes claros, humanos, verificables y conectados con la realidad que vive eBook tendencias.

    Por eso, una de las grandes conclusiones del ebook es que la comunicación dejó de ser un ejercicio de visibilidad para convertirse en un ejercicio de confianza. Pasamos del “brandformance” al “trust-formance”: ya no gana quien más aparece, sino quien logra construir credibilidad sostenida en el tiempo. En un entorno intoxicado por bots, fraude publicitario y automatización sin criterio, la confianza se convierte en la métrica más escasa, y más valiosa, del negocio.

    Este cambio también redefine el rol de las marcas. El modelo tradicional de depender exclusivamente de terceros para contar la historia se agota. En 2026, las organizaciones están llamadas a convertirse en copropietarias de su narrativa, construyendo Brand Newsrooms sólidos, con rigor periodístico, pensamiento estratégico y capacidad real de influir en la conversación pública. No se trata de reemplazar a los medios, sino de complementarlos con voz propia, datos verificables y contenido útil eBook tendencias.

    Al mismo tiempo, la llegada masiva de la inteligencia artificial cambia radicalmente las reglas del juego. Ya no basta con aparecer en Google: ahora hay que existir en las respuestas de la IA. El concepto de GEO (Generative Engine Optimization) marca un punto de inflexión: las marcas que no produzcan contenido estructurado, frecuente y confiable simplemente quedarán fuera del mapa digital. En esta nueva lógica, el clic pierde protagonismo y la autoridad se mide por ser fuente de la respuesta, no por atraer tráfico eBook tendencias.

    Paradójicamente, cuanto más avanzada es la tecnología, más valor adquiere lo humano. En un mundo donde todo puede ser generado por IA, lo que realmente importa es lo comprobable. La “verdad verificable” y el sello humano se convierten en activos reputacionales críticos. La audiencia ya no confía en lo perfecto; confía en lo real, en lo imperfecto, en lo que puede contrastar y validar eBook tendencias.

    Este mismo principio atraviesa tendencias como el Raw Advocacy, donde los empleados, sin guion, pero alineados, se consolidan como las voces más creíbles de las organizaciones, o el fortalecimiento del poder de las regiones, que obliga a abandonar narrativas centralizadas para construir relevancia desde el territorio, con contexto y cercanía cultural.

    2026 será, además, un año de fuertes coyunturas: elecciones presidenciales y Mundial de Fútbol convivirán en un mismo calendario emocional. En ese escenario, la comunicación exigirá más criterio que nunca. No todo se puede decir en cualquier momento. Las marcas deberán entender cuándo actuar como pacificadoras, cuándo ofrecer contexto y cuándo, simplemente, ofrecer calma en medio del ruido.

    Este ebook no es una bola de cristal ni una lista de modas. Es una invitación a asumir que la comunicación ya no se trata de hablar más, sino de hablar mejor. De construir coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. De entender que, en 2026, la reputación no se maquilla: se demuestra.

    En SmartPR creemos que este es el momento de dejar atrás la vanidad de los likes y volver a lo esencial: comunicar con propósito, con responsabilidad y con visión de largo plazo. Porque, al final, en un mundo gobernado por algoritmos, la verdadera ventaja competitiva sigue siendo profundamente humana.

    Ver el ebook Tendencias de la Comunicación 2026 ↗

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • Cuando la marca personal se come a la empresa

    Últimamente me sorprende ver cómo muchas firmas y consultores, recomiendan a sus clientes priorizar la marca personal/profesional de sus directivos. Como si fuera la estrategia principal de reputación corporativa. Y lo digo con convicción: si la reputación de una empresa depende de una persona, no estamos construyendo una empresa: estamos apostando a un riesgo.

    Un par de datos para fundamentar esta mirada:

    • Según un estudio global de Weber Shandwick, los ejecutivos atribuyen cerca del 45 % del valor de mercado de sus compañías a la reputación de sus CEOs. Pero a la vez, remarcan que esa visibilidad puede funcionar como arma de doble filo: mejora o deteriora la credibilidad casi por igual.
    • El Edelman Trust Barometer 2025 confirma que la institución “mi empleador” es la que sigue generando mayor confianza entre las audiencias, más que individuos, más que influencers o líderes de opinión.
    • En el Ipsos Global Trustworthiness Index 2024 se revela que los influencers aparecen entre los perfiles de menor credibilidad. Si tu estrategia de reputación está anclada en “una cara”, estás apostando a un activo de bajo coeficiente de confianza.

    ¿Qué implica esto para las organizaciones?

    1. La marca corporativa debe seguir siendo el eje vertebrador: el propósito, la cultura, la promesa de valor, la consistencia en producto/servicio.
    2. Las marcas personales de voceros relevantes pueden y deben jugar, pero desde el soporte de infraestructura institucional sólida, no como fundamento exclusivo.
    3. Diseñe un portafolio de voceros, no un solo “evangelista”. Deje de depender del CEO o de la estrella del momento: cuando ese individuo no está, ¿qué quedará?
    4. Invierta en la narrativa interna: si su gente, sus empleados, sus colaboradores están alineados, la institución gana credibilidad desde adentro hacia afuera –y eso pesa mucho más en la confianza colectiva.
    5. Use la marca personal como táctica de amplificación, no como estrategia principal de reputación.

    Construir reputación sostenible significa institucionalizar la confianza, hacerlo parte de la organización, de su cultura, de su modo de operar. Las personas pueden amplificar, aportar visibilidad y generar conexiones poderosas. Pero no son el ancla. Si hoy su plan depende de una persona, revise la estrategia: está apostando a un activo volátil.

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • PR en la era de los algoritmos: ¿estamos preparados para estos desafíos?

    Hoy tu historia compite contra un feed que decide qué mostrar, por cuánto tiempo y a quién. No es paranoia: los algoritmos priorizan lo “pagado”, aceleran los ciclos de noticias y encapsulan audiencias en burbujas. Resultado: menos alcance orgánico, más costos para ganar visibilidad y mayor presión cuando hay crisis. Un reciente análisis de Agility PR Solutions resume bien el terreno de juego y propone salidas prácticas.

    Los 5 retos que están cambiando el PR

    1. Disminución del alcance orgánico. El océano de contenidos es infinito y los algoritmos empujan arriba el contenido con promoción, relegando el PR editorial.
    2. Ciclos de noticias acortados. Las historias “rompen” y desaparecen en horas. La ventana para captar atención es mínima; la táctica de “comunicado + eco” ya no alcanza.
    3. Cámaras de eco y burbujas de filtro. Las plataformas sirven más de lo que la gente ya cree/consume, limitando la diversidad de públicos a los que llega tu narrativa.
    4. Aumento de costos de visibilidad. Pagar por alcance se vuelve casi obligatorio; es un golpe duro para equipos con presupuestos ajustados.
    5. Presión de gestión de crisis. Las malas noticias viajan más rápido porque generan engagement; sin monitoreo y respuesta inmediata, el algoritmo amplifica el daño.

    Los 5 movimientos para recuperar el control

    1) Fortalece comunidad (offline + online). Relaciones locales, eventos y alianzas dan una voz que ningún feed puede “enterrar”. Es capital social que resiste cambios de algoritmo.

    2) Lidera con storytelling auténtico. Historias humanas, con peso emocional y foco en la persona, viven más que los comunicados. Piénsalo como “serie”, no como “post aislado”.

    3) Equilibra con medios propios. Sitio, blog y newsletter son tu refugio cuando las reglas de la plataforma cambian. Construye ahí consistencia y profundiza el mensaje.

    4) Diversifica canales. No apuestes todo a una sola red. Distribuye riesgos: si un canal ajusta el algoritmo, tu alcance no desaparece.

    5) Tecnología y datos como palanca. CRM, analítica y SEO impulsado por ML para segmentar mejor, anticipar tendencias y demostrar impacto con precisión.

    Por qué importa (más allá del algoritmo)

    El PR sigue siendo un pilar para construir relaciones con stakeholders y el mercado global continúa creciendo (CAGR proyectado a 2029). La oportunidad está ahí; la pregunta es si nuestra estrategia está a la altura del contexto algorítmico.

    Los algoritmos no son enemigos ni oráculos: son reglas de un juego que cambia todos los días. Si basamos el éxito solo en likes o alcance pagado, perdemos el norte. Si apostamos por comunidad, historias, canales propios, diversificación y data, volvemos a tener el volante.

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • El poder de las palabras

    En un mundo hiperconectado, donde el World Economic Forum ha identificado la polarización y la desinformación como dos de los cinco principales riesgos globales, las palabras han dejado de ser solo símbolos para convertirse en armas, puentes o muros. Depende de cómo las usemos.

    Vivimos en tiempos donde un simple estímulo —una publicación, un titular, un tuit— basta para provocar una reacción inmediata. Comentamos, replicamos y sentenciamos sin pausa, como si el lenguaje no tuviera consecuencias. Pero las tiene. Y cada vez son más evidentes.

    Esta reflexión nace desde el dolor, desde la impotencia que genera ver a Colombia volver a escenarios que creíamos superados. Momentos oscuros, de violencia que no empieza en las armas, sino en las palabras. Porque antes del estallido, vino la narrativa. Antes del acto violento, vino la incitación.

    Hoy estamos viendo los efectos de una conversación pública deteriorada: la normalización del odio, el sicariato moral, el señalamiento constante al otro. Se ha instaurado un lenguaje bélico que elimina la diferencia y promueve el linchamiento. Y todo esto amplificado por redes sociales, por ejércitos de bots, por discursos irresponsables que se disfrazan de liderazgo.

    Es momento de detenernos. De hacer una pausa. De observar con honestidad cómo usamos las palabras.

    Nos corresponde, especialmente a quienes trabajamos en comunicación, liderar un cambio urgente en el uso del lenguaje. No basta con “comunicar bien”. Hay que comunicar con conciencia, con propósito, con ética.

    Tenemos que enseñar —y aprender— que no todo se debe responder, que no toda noticia se debe compartir de inmediato, que no todo lo que nos llega es cierto. Que el silencio, muchas veces, también es una forma poderosa de comunicación.

    Es momento de preguntarnos, como ciudadanos, como padres, como líderes: ¿Qué mundo estamos construyendo con las palabras que usamos? ¿A qué futuro nos llevan las narrativas que alimentamos?

    La palabra tiene peso. Tiene memoria. Y tiene poder.

    Hagámonos cargo.

    #FUERZAMIGUEL

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • ¿Cómo lograr que a los colombianos sí les importe la política?

    Hay algo que viene preocupándome desde hace tiempo, pero que en las últimas semanas se ha vuelto más evidente: cada vez más personas prefieren no hablar de política, no opinar, no informarse, y mucho menos comprometerse con lo que pasa en el país. “Todos son iguales”, “nada va a cambiar”, “no quiero pelear con nadie” son frases que se repiten con una normalidad peligrosa.

    Y aunque es comprensible el cansancio, lo que no podemos normalizar es la indiferencia. Porque en el momento en que dejamos de hablar de política, en ese mismo instante, estamos dejando de participar en la construcción del futuro. Un país no se transforma desde el silencio o la apatía, sino desde la conversación, la conciencia y la acción informada.

    La política también se construye en la sala de la casa

    No se trata de convertirnos en analistas ni en activistas profesionales. Se trata, más bien, de recuperar el interés, de hacer preguntas, de entender lo que votamos, lo que pagamos, lo que se decide a nombre nuestro todos los días. La política no es solo de los políticos. Es de los ciudadanos. De los que construyen empresa, educan, cuidan, trabajan, estudian y también de quienes deciden no hacer nada. Porque incluso no hacer nada es una decisión política.

    A veces creemos que el problema es la corrupción, la polarización o los partidos. Pero muchas veces el verdadero obstáculo está en esa desconexión que sentimos con las decisiones colectivas, en esa idea equivocada de que la política es algo ajeno o lejano.

    Informar, conversar y confiar: tres pasos para cambiar el rumbo

    La pregunta entonces no es solo por qué hemos llegado a este punto, sino cómo salimos de él. Y creo que hay tres caminos urgentes:

    1. Informarnos mejor, no solo con titulares de redes sociales, sino con datos reales, fuentes confiables, comparaciones históricas y contexto.
    2. Conversar más, con respeto, con apertura, con argumentos. Dejar de temerle al desacuerdo y volver a valorar el diálogo como una herramienta de construcción.
    3. Confiar más, en que sí hay personas comprometidas, sí hay datos que cuentan una historia diferente a la narrativa del caos permanente. Que sí vale la pena volver a creer.

    Colombia no va a cambiar solo porque cambiemos de presidente, de congreso o de reformas. Colombia va a cambiar si cambiamos nosotros: los que deciden dejar de huirle a la conversación, los que se atreven a formar opinión propia, los que entienden que informarse es un acto de amor por el país.

    No se trata de tener todas las respuestas, sino de no dejar de hacer preguntas. Porque un país mejor no se construye solo desde el poder. Se construye también desde el interés colectivo, desde las conversaciones en familia, desde la confianza en los datos, más que en los relatos.

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • El día que dejamos de leer noticias

    Si los datos no mienten, cada vez nos importa menos la información seria y más el entretenimiento superficial. En Colombia, el consumo de noticias en internet está en 41.2%, mientras que redes sociales y mensajería instantánea dominan con 98.9% y 98.0%, respectivamente.

    No sorprende. Cada día, el algoritmo nos entrena mejor para consumir lo inmediato, lo viral, lo que nos confirma lo que ya pensamos en lugar de retarnos a analizar. Mientras tanto, el periodismo enfrenta una crisis no solo económica, sino de relevancia en la era del contenido rápido.

    ¿Por qué hemos dejado de leer noticias?

    Los medios de comunicación solían ser el centro de la conversación pública. La radio, la televisión y los periódicos eran fuentes indispensables para entender lo que ocurría en el país y el mundo. Hoy, sin embargo, los medios tradicionales compiten con el océano infinito de contenido digital donde la inmediatez y la viralidad pesan más que la profundidad.

    El problema no es solo la oferta, sino la demanda. Cada vez son menos las personas dispuestas a leer un análisis completo cuando pueden quedarse con el titular. Menos aún están dispuestas a pagar por periodismo de calidad cuando el contenido gratuito, aunque sea desinformación o clickbait, está a un solo clic de distancia.

    Las cifras hablan por sí solas: el entretenimiento, la música y el consumo pasivo de redes sociales superan en engagement a las noticias. Esto plantea una pregunta inquietante: ¿qué tipo de sociedad estamos construyendo si la información rigurosa deja de ser una prioridad?

    El impacto de una sociedad desinformada

    Cuando las noticias dejan de ser relevantes para la mayoría, la consecuencia es clara: tomamos peores decisiones. Sin información confiable, no entendemos los cambios económicos, las reformas políticas o las tendencias globales que afectan nuestro trabajo y nuestra vida.

    Además, la desinformación se propaga con mayor facilidad cuando el consumo de noticias de calidad disminuye. En un mundo donde cualquier persona con acceso a internet puede publicar contenido sin filtros, la verdad compite en desventaja frente a la manipulación y la propaganda disfrazada de noticia.

    En el ámbito empresarial, la falta de información estratégica impide que los negocios tomen decisiones acertadas. ¿Cómo puede una compañía proyectar su crecimiento sin comprender el contexto político y económico? ¿Cómo puede un emprendedor innovar si no conoce las tendencias de su industria?

    Es momento de actuar: valorar, pagar y consumir información confiable

    Las empresas, universidades y organizaciones tienen un rol clave en este desafío. Es momento de fomentar campañas internas que impulsen la educación mediática y que motiven a las personas a consumir información verificada y de calidad.

    Y aquí viene un punto crucial: el periodismo serio no es gratis. Si las personas y las empresas no valoran ni pagan por información confiable, los medios que hacen un trabajo responsable desaparecerán, dejando el camino libre para la desinformación y el sensacionalismo.

    Las suscripciones a medios de comunicación, el apoyo al periodismo independiente y la promoción de una cultura de análisis crítico no son solo una inversión en conocimiento, sino en la sostenibilidad de la verdad en una sociedad que cada vez parece preferir la ficción.

    ¿Nos resignamos o tomamos acción?

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.

  • Comunicar bien no es un lujo, es una necesidad estratégica

    La comunicación es el puente entre la intención y la percepción, pero en ese trayecto hay múltiples oportunidades para que el mensaje se distorsione. Lo que una persona dice puede no ser lo que el otro escucha. Lo que se comunica con claridad en un entorno puede ser completamente malinterpretado en otro. Y en un mundo donde la velocidad de la información lo cambia todo, la forma en que nos comunicamos define nuestra reputación, nuestras relaciones y hasta nuestro éxito.

    Como consultor en comunicación y relaciones públicas, he visto cómo la falta de alineación en los mensajes, voceros poco preparados o una estrategia mal diseñada pueden generar ruido, crisis y pérdida de confianza. Porque comunicar no es solo hablar: es asegurarse de que el mensaje llegue, se entienda y se traduzca en acción.

    Percepción y perspectiva: la diferencia entre éxito y malentendido

    Cada persona filtra la información según su experiencia, creencias y estado emocional. No importa qué tan claro creamos que hemos sido, la forma en que el otro recibe nuestro mensaje dependerá de su contexto.

    Un ejemplo clásico es cuando un líder habla de “eficiencia” y el equipo lo interpreta como “más trabajo con menos recursos.” O cuando una empresa comunica “innovación” y los empleados temen por cambios drásticos en su estabilidad laboral. La percepción moldea la realidad, y si no gestionamos la comunicación de manera estratégica, dejamos espacio para la confusión.

    Cómo alinear los mensajes para evitar ruido

    Si queremos que nuestro mensaje llegue con el impacto correcto, debemos trabajar en tres frentes:

    ✔ Tener una estrategia de comunicación bien definida. No se trata solo de qué decir, sino de cuándo, cómo y a través de qué canal se dice. Cada mensaje debe responder a un propósito claro.

    ✔ Fortalecer a los voceros. En tiempos de crisis o de transformación, los líderes deben comunicar con claridad, empatía y coherencia. La seguridad en el mensaje evita malinterpretaciones.

    ✔ Alinear la comunicación en todos los puntos de contacto. Lo que un directivo dice en una conferencia debe estar en sintonía con lo que la marca comunica en su blog, redes sociales y con sus empleados. Un mensaje consistente refuerza la credibilidad.

    La comunicación efectiva no se trata solo de transmitir información, sino de gestionar la percepción y la perspectiva de nuestra audiencia. No podemos controlar cómo cada persona procesa un mensaje, pero sí podemos diseñar estrategias para que la interpretación sea lo más alineada posible con la intención.

    Publicado originalmente en mi newsletter Innovemos en la Comunicación, en LinkedIn.